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Donde nacen las nuevas voces

Literatura en tiempos de IA

Inteligencia Artificial, literatura y la obligada pregunta: ¿vencerán las máquinas de aprendizaje profundo al trabajo, aún artesanal, del escritor?

Con este punto de partida, Daniela Pérez, maestra en Humanidades Digitales e integrante de la Red de Mujeres Unidas por la Educación, estableció un nutrido diálogo con la comunidad becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas. Durante dos sesiones se desarrolló una conversación llena tanto de inquietudes inherentes a la época que se vive actualmente, como de respuestas desafiantes que obligan a repensar el papel de tecnologías que han alcanzado límites impredecibles. Tal como expresó la especialista: “es la necesidad de pertenecer a una cultura digital lo que desarticula nuestra agencia, pues es una llave para tantas cosas, que la comodidad es una vía clara”.

El modelo matemático impulsado por el científico británico Alan Turing, mencionó Daniela Pérez, está detrás del actual procesamiento de las inteligencias artificiales, que tienden a ser complacientes. Esta simulación o “ilusión de empatía” es lo que mantiene a los usuarios, en gran medida, vinculados a estos sistemas. En sus propias palabras: “La lA es un cúmulo de conocimiento sobre el pasado, matemáticamente bien construido, especulando sobre el futuro”.

Daniela Pérez planteó una de las preguntas centrales del encuentro: “¿Qué partes del proceso son necesarias, aunque me generen fricciones?”, en alusión al trayecto y los desafíos técnicos de la escritura.

El trabajo literario, apuntaron voces de la comunidad becaria, es un viaje con momentos de incomodidad necesarios para articular otras posibilidades creativas. Y esa fricción, lejos de ser un obstáculo a eludir, es justamente lo que la IA, al ofrecer respuestas fluidas y sin resistencia, tendería a suavizar o incluso a borrar del proceso creativo.

Frente a estas inquietudes, la propuesta de Daniela Pérez no fue el rechazo ni el miedo, sino la alfabetización: desarticular el discurso que genera miedo y, en cambio, generar buenas prácticas de alfabetización digital que permitan a los usuarios emplear estas herramientas con un criterio propio. Entre las ventajas reconocidas, la especialista mencionó que la IA acorta el tiempo de investigación en torno a un tema, aunque advirtió que no siempre la información que arroja es fidedigna, por lo que la verificación sigue siendo tarea del usuario.

La conversación planteó que la IA no va a sustituir el papel del escritor, pero sí puede vaciar de sentido este oficio si se renuncia a la tensión y búsqueda que lo caracteriza.